Para descubrir el flamenco en San Fernando, por entonces Isla de León, hemos de retroceder sólo hasta poco antes de que los franceses llegaran a nuestros dominios en 1809. En esta fecha nace Juan de Dios, primer cantaor isleño del que tenemos noticias que alternaba con el Planeta y el Filo en 1831. Estamos seguros que Juan de Dios debió tener predecesores en la isla.

Refiriéndonos a los cantes sucede algo similar. Los informes, en la isla, comienzan a tener fundamento a partir de María Fernández Fernández, conocida por María Borrico (1830). Esta dinastía gitana en la que sobresalieron cantando la Borrico, el Viejo de la Isla y la Bizca, adquirió fama creando e interpretando seguiriyas. A partir de aquí con esta simiente melódica que sembraron los Fernández en la Isla, no es de extrañar que la seguiriya creciera en el ansia interpretativa de una legión de cantaores locales que llegarían después. Fue el de esta familia un estilo de cante genuino que mantenía toda su fuerza expresiva en breves espacios de intervención. A esta modalidad de seguiriya se le denominaba cante corto de la isla.

 
 
 

No podemos soslayar la existencia de una creación, hoy desaparecida del panorama flamenco isleño, denominada la salinera. Imposible conseguir una versión aproximada de su musicalidad. Sabemos que existió a través de la transmisión oral de personas que pertenecieron a los medios flamencos y al genio salinero -labor de extracción natural de la sal- cante que pertenecía a los llamados "laborales" con una estructura parecida a la de la soleá por bulerías, por consiguiente, en compás de tres por cuatro. La labor en este oficio se realizaba en grupos con esfuerzos comunes e interminentes. En tales ocasiones, un trabajador cantaba para marcar el rito de la faena. Faltaríamos a la verdad diciendo que todas estas cantinelas tenían sones totalmente flamencos, pero se deja entrever la posibilidad de que en otros tiempos la música jonda, en versión salinera, marcara la cadencia de un trabajo o sugiera cuando el salinero quería celebrar con puntualidad los escasos momentos agradables de cada día. Si a esta teoría añadimos la predisposición innata a la creativa de los cantaores de la tierra, llegamos a la conclusión de que pudo haber algún cante, hoy perdido que se llamó salinera.

 

La infancia de CAMARÓN transcurrió en la fragua de su padre, primero en la calle Orlando en la zona de las callejuelas, donde vivía y luego en la calle Amargura, cerca de la Plaza de Toros. José vino al mundo en la habitación de su casa, el 5 de Diciembre de 1950, una casa pequeña y compartida con otras familias en el número 29 de la calle El Carmen. CAMARÓN tuvo una infancia muy corta. A los 8 años lo escuchan cantar en la Venta de Vargas y en 1962, con apenas 12 años, recibió el primer premio de su vida ganando el concurso flamenco del festival de Montilla. A partir de entonces empezó a frecuentar la Venta de Vargas... CAMARÓN ha sido siempre un devoto del Nazareno, cuya imagen se venera en la Iglesia Mayor. Un trágico Miércoles 1 de Julio de 1992, Camarón dejaba de existir y siguiendo sus deseos fue enterrado en San Fernando donde tiene un Mausoleo.

 
 
 

En la Peña de su nombre se puede disfrutar de un gran número de fotos, recuerdos y objetos de este Duende del Flamenco. El flamencólogo Félix Grande escribió tras su muerte: .El arte de Camarón era un aullido de la filosofía, monumento a la condición humana, un obelisco a la derrota. Pero también fue un combate extraordinariamente valiente por arrancarle a la fatalidad instantes de eternidad y belleza. Cada uno de sus cantes es una breve eternidad, cada uno de sus cantes es un suspiro en el que estamos fuera de tiempo, en el palacio donde el candor, inocencia y entusiasmo nos untan pomada en las heridas de nuestro corazón; un suspiro durante el cual conocemos a la felicidad y nos despedimos de ella".